domingo, 30 de noviembre de 2014

El gris del mar enfurecido



© José Manuel de Vicente
El viento es parte inseparable de la vida en Menorca, por nuestra situación al norte del archipiélago, sin nada que se interponga entre nosotros y "lo demás", especialmente la costa del sur de Francia, de donde llega la tramontana. La tramontana es ese viento frío y rabioso que se acelera entre el macizo central francés y el lado norte de los Pirineos y sopla con todas sus ganas cuando llega aquí a veces sobrepasando los 100 km por hora, sobre todo en otoño o a finales de invierno. Sin protección, así estamos. Mallorca por lo menos tiene una cordillera que lo amortigua. Nosotros tenemos Monte Toro que como mucho contempla el espectáculo de cómo se ensaña el viento a su paso. Para muchos, las Baleares son sinónimo de sol. Cierto, el sol incluso en invierno tiene aquí un brillo espectacular. Pero, de tarde en tarde, las nubes se adueñan del escenario, el sol se esconde, llega el viento y todo se vuelve gris. Hay algo extrañamente atractivo en este color gris de otoño: el gris del cielo al atardecer, el del mar enfurecido por el viento, ...

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